MARCOS DE PENSAMIENTO

Por sus obras los conoceréis
      [Mateo 7:15]

Decía Sun Tzu en “El Arte de la Guerra” que es una prioridad elegir uno el terreno en el que va a tener lugar una batalla y forzar al enemigo a que entre en combate en dicho campo. Esta idea es ampliamente aceptada en el campo militar y, por supuesto, se puede extender a todo conflicto humano.

Al elegir el campo del conflicto se suele elegir uno que sea conocido y tácticamente ventajoso para nosotros, y desconocido y desventajoso para el oponente. Y por ser aplicable a todo conflicto es aplicable al campo de la política moderna, que no puede negarse que es un conflicto entre distintas facciones con objetivos particulares y distintas fuerzas de acción. En la política el campo de batalla material de un conflicto bélico se sustituye por el marco de pensamiento de la masa electora, pues precisamente es dicha masa electora la que da la victoria o la derrota a través de elecciones, siendo este electoralismo la virtud y a la vez amenaza de la democracia.

Mientras que en un encuentro militar los oponentes utilizan armas bélicas sobre el campo de batalla para restar poder ofensivo o defensivo al enemigo, en la política las facciones utilizan fuerzas equivalentes, que son ni más ni menos que los mensajes políticos, programas, promesas, amenazas de hecatombe y ataques contra la decencia ajena. Estas fuerzas lanzadas al oponente esperan, basándose en la naturaleza y el comportamiento del marco de pensamiento por el que discurren, debilitar al enemigo y restarle poder precisamente ante esa masa electoral que es sustento material del marco incorpóreo de pensamiento que portan.

Como ejemplos de la importancia de este marco se puede pensar en lo distinta que sería la acción de ayudar al sector desfavorecido realizado por una monja en un marco de sociedad católica, que lo mismo hecho por una autoridad secular en un marco de sociedad liberal. Lo que en un marco de pensamiento ser vería como una virtud en otro se ve como un ataque al sistema social liberal, siendo la acción material sobre la que se sustenta la misma en ambos casos. La efectividad de un ataque o de un mensaje de autoexaltación queda definido por el marco de pensamiento, por eso es éste tan sumamente importante y es definitivo para una facción hacerlo favorable. Y precisamente esta importancia se justifica por la naturaleza virtual e inmaterial de los mensajes políticos que requieren siempre un juicio subjetivo de la masa pública, pues aunque versen sobre realidades materiales el efecto en el panorama se canaliza siempre por la opinión subjetiva.

Es por esta naturaleza de la lucha política por la cual el tradicionalismo o conservadurismo es siempre un sector con gran fuerza capaz en la mayoría de las situaciones de avasallar a los demás sectores. El conservadurismo se caracteriza por pretender mantener el régimen anterior, y por ello su marco de expresión (fraguado en ese régimen anterior) está en plena comunión con el marco de pensamiento de la masa social. Una facción que defienda un cambio siempre se encuentra con la desfavorable realidad de un marco de pensamiento social acostumbrado al lenguaje y a las realidades que el tradicionalismo maneja con soltura. Si quiere tener opciones reales para obtener o mantenerse en el poder ha de favorecer un cambio en dicho marco de pensamiento, generalmente en un corto periodo de tiempo, lo cual lo hace difícil de conseguir. Nótese que no ha entrado en ningún momento en juego si era objetivamente mejor o peor cambiar o mantener el sistema, pero el tradicionalismo ya parte con mucha ventaja al, utilizando una metáfora deportiva, “jugar en casa”; pues sus mensajes políticos están en armonía con un marco de pensamiento social inercial del marco anterior.

Mirando el caso particular español y para citar algunos casos prácticos en los que aplicar estas hipótesis cabe señalar las múltiples acusaciones de “populismo” o “radicalismo” que se han vertido desde PP, PSOE o Ciudadanos hacia Podemos u otros partidos equivalentes regionales.

El “populismo” es entendido usualmente como un intento de captar el apoyo de las masas sin un mensaje material que lo sustente, con engaños o vaguedades. Esto debería entrar en conflicto con la naturaleza expresada anteriormente del sistema político, pues una fuerza tradicional siempre tiene más comunión con el marco de pensamiento de la masa social, lo cual le permite que sus mensajes prescindan de contenido, pues la emocionalidad y el valor subjetivo de la forma ya crean un apoyo en ese electorado familiar. Por el contrario una fuerza nueva no tradicional no dispone de esa favorabilidad subjetiva, y se ve obligada a intentar cambiar la forma de pensar del electorado mientras intenta convencer con mensajes con alto contenido material, esperando (a veces ilusamente) que ese contenido compense la adversidad del marco de pensamiento.

Tanto la acusación de “radicalismo” como la de “populismo” son ejemplos claros de esos mensajes vacíos que en el panorama actual se lanzan desde las facciones tradicionales que aprovechan su marco favorable y que careciendo de contenido producen un efecto claro en el electorado. Y precisamente lanzar mensajes vacíos de contenido con el objetivo de que la respuesta emocional subjetiva en la masa electoral te de ventaja es la definición usual de populismo, lo cual conforma una paradoja deliciosamente ácida en nuestro panorama patrio. Y es que precisamente las fuerzas tradicionales al tener como principal arma los improperios de “populismo”, “radicalismo” y demás palabras subjetivas que ni definen ni demuestran, incurren en un total caradurismo si consideramos la verdadera definición de “populismo”.

“POR SUS OBRAS LOS CONOCERÉIS” [Mateo 7:15] Así reza este dicho de La Biblia, que hoy bien puede ser aplicable. Pues si uno pretende salir de la masa social opinadora, o dicho de otra forma, salir del redil electoral para ser un individuo con juicio propio es menester hacer oídos sordos a las acusaciones de subjetivismos como “populismo” o “radicalismo”. Si alguien quiere criticar las obras ajenas adelante, pero serán estas las que han de ser juzgadas. Los sectores tradicionales aspiran a poner sobre la nueva fuerza irrumpidora muchos atributos dañinos y muchas intenciones presupuestas, y precisamente el hecho de que esto cale más de lo debido en la opinión pública nos da una idea de la importancia de esa afinidad entre el conservadurismo y el marco de pensamiento actual que peca de forma grotesca de tradicional. ¿Cómo si no se iba a explicar una sociedad donde se perdona a unos sus viles acciones pasadas y se condena a otros por acciones futuras falsamente atribuidas?

Jorge
@jorge_aero

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