SOBRE LA DEUDA GRIEGA

Tras las recientes elecciones griegas que Syriza ha ganado, el problema heleno vuelve a estar encima de la mesa. En concreto lo que tenemos encima de la mesa es, ni más ni menos, una deuda de 300.000 millones de euros a principios de 2015 (sobre el 170% del PIB griego, poca cosa). La coletilla de turno de los políticos de los países acreedores es sin duda el “las deudas hay que pagarlas”, como le hemos oído varias veces a Rajoy decir. Supongo que nuestro señor Rajoy no se estará refiriendo a los 40.000 millones del rescate bancario que el gobierno español ha dado por perdidos recientemente.

Sí, tal como lo oyes, cuando el estado (ergo todos los españoles) le prestó dinerito fresco a los bancos para que no se hundieran lo hizo precisamente como un préstamo, no como un regalo. A lo mejor esto puede parecer obvio a los lectores pero no tanto a los políticos y agentes económicos, que están todos muy felices con que no solo la banca no devuelva el dinero con unos intereses adecuados, sino que poco a poco se le vaya dando tajos a su deuda con la nación. Mientras esto ocurre, no solo no se han buscado responsabilidades entre los directivos de esa banca que se hundió arrastrando a muchos (y enriqueciendo a unos pocos), sino que se los premia con indemnizaciones millonarias, derivadas de las enormes ganancias que el sector tiene mientras el estado le va perdonando deuda.

Incluso puede que te premien con un ministerio cuando has sido un responsable territorial del banco estrella de la caída financiera, como nuestro buen ministro el señor De Guindos bien sabe. En España es que nos gusta mucho eso de la meritocracia.

Pero volvamos a la deuda griega, la cuestión es que ahí estamos, con esa deuda enorme sobre la mesa y nos encontramos con que una parte es española. ¿Qué cuanta es española? Pues antes era de unos 550€ por español, después del tercer rescate ha ascendido a unos 700€ por español. Quizás alguno se esté preguntando “un momento, ¿cuando le he prestado yo dinero a Grecia?”; y tendrá razón al cuestionarlo. Veamos este gráfico:

Obtenido del periódico italiano IlSole24Ore. Este otro gráfico equivalente proviene de la Fundación por la Europa de los Ciudadanos, estando ambos confeccionados con datos provenientes del Banco Internacional de Pagos principalmente.
Obtenido del periódico italiano IlSole24Ore (enlace). Este otro gráfico equivalente proviene de la Fundación por la Europa de los Ciudadanos, estando ambos confeccionados con datos provenientes del Banco Internacional de Pagos principalmente.

El gráfico presenta la distribución de la deuda griega entre los países europeos en 2009 frente a 2014, separando entre deuda para con los bancos y para con el Estado. La sorpresa es mayúscula cuando vemos que en 2009 la deuda española e italiana estaba en 1,21 (miles de millones de euros) y 6,86 respectivamente y únicamente afectaba a la banca, mientras que en 2014 pasa a ser sobre 28 y 40 (y a afectar principalmente a los Estados).

Imagen4

Con los datos derivados del anterior gráfico se puede cocinar éste en el que se puede ver la variación de la deuda por país en miles de millones de euros y además esa cantidad como % del PIB de cada uno. Lo que debe saltar a la vista es la incoherencia en las distintas evoluciones entre el 2009 y el 2010 y sobre todo la enorme disminución de la deuda poseída por Francia. Cabría preguntarse una serie de cosas: ¿Por qué cuando todos los países asumimos más deuda griega Francia la reduce tanto?¿Por qué somos los españoles e italianos los que pegamos la subida más importante cuando nuestras economías están maltrechas? ¿Por qué es España, la economía mas débil de las recogidas, la que tiene un aumento respecto a su PIB mayor de las siete?

Es lógico pensar en que al lanzar la operación de salvamento económico a Grecia otros integrantes de la zona euro asuman ese coste, pero esta disparidad raya en lo absurdo. Pareciera por estos datos que los 30.000 millones de deuda griega de la que Francia se ha deshecho la hemos asumido entre españoles e italianos. ¿Por qué es esto? Pues vaya usted a saber. No quisiera pensar que ha sido una forma de que, perdonando gran parte de la deuda a Francia y sacándola sustancialmente de la problemática griega, ésta se mantuviera luego al margen de las políticas intracolonialistas alemanas y dejara hacer.

Lo que a nosotros nos toca después de esta farsa es enfrentarnos a una deuda de unos 30.000 millones de euros que nunca votamos asumir, mientras Francia y Alemania escurren el bulto cuando fueron sus bancos los que le prestaron dinero a esa Grecia que falsificaba cuentas bajo los gobiernos moderados de Nueva Democracia y del PASOK (el PP y el PSOE en versión griega). Claro, que esta falsificación no la hicieron solitos, sino que contaron con la ayuda de Wall Street, en concreto de Goldman Sachs, uno de los mayores bancos de inversión del mundo. El truco del almendruco consistió básicamente en que los colegas de Goldman Sachs prestaron dinero (mucho dinero) a Grecia a espaldas de la Unión europea y sus límites de deuda, permitiendo al gobierno griego (que por entonces no tenía a los malvados radicales, solo a los moderados demócratas) seguir gastando el dinero que no tenían hasta que la situación se hizo insostenible.

Pudiera esperarse que después de conocer esto se hubieran tomado medidas de algún tipo contra los políticos que a sabiendas hundieron su nación, o los financieros que les ayudaron para enriquecerse; pero como no vivimos en ninguna dictadura bolivariana castro-estalinista-chavista y sí en una democracia de pro, cogimos a esos financieros y los premiamos por sus méritos poniéndolos de presidente del Banco Central Europeo (Mario Draghi), de Primer ministro griego (Lukás Papadimos) o de Primer ministro italiano (Mario Monti). Porque así es como valoramos a los agentes financieros del banco que hundió Grecia. Así nos las gastamos en las moderadas democracias occidentales.

Pero nada, toca seguir adelante. Toca volver a reclamar los 700€ que nos debe Grecia pero perdonar 1500€ a Bankia, porque ahí no había mala intención. Toca volver a llamar radicales a Tsipras y Syriza y culparles de lo mal que va por allí, aunque la nación la hundieran otros antes. Y sobre todo toca volver a creer en que el sistema financiero es un alegre y bucólico prado lleno de corderitos y oportunidades, justo y utópico. Creámoslo mientras nuestras economías se resquebrajan y caen a pedazos y todo irá bien. Irá bien para ellos, claro.

Jorge

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