20D: SONREÍD, QUE SÍ SE PUEDE

¿Cuantas veces nos hemos sentido pequeños para cambiar nada? ¿Cuántas veces hemos sentido que nuestros representantes públicos viven aparte de nuestra realidad? ¿Cuántas veces hemos sentido que ni les importamos nosotros ni les importa el país?

Doy por seguro que la mayoría habréis  tenido en alguna ocasión una sensación de desconexión absoluta con nuestros gobernantes, una sensación de impotencia. Las cosas son como son, y claro, nosotros en nuestra humilde cotidianeidad poco podemos hacer. No te preocupes, no es algo nuevo, durante milenios de historia el hombre de a pie se ha sentido así, ha sentido que la maquinaria histórica avanzaba indiferente. Eran otros los que gobernaban y las encrucijadas del devenir descansaban sobre hombros ajenos.

La sociedad siempre tiende a su equilibrio, en el que una aristocracia social, política o económica dirige los países mientras la ciudadanía subsiste, indiferente o impotente. Es mucha la presión que lleva a la apatía y al conformismo. Pero no es definitivo, en la historia ha habido momentos en los que se ha dado un paso al frente para escapar de la situación de conformismo servil en que nos encontrábamos. Y nosotros, como españoles, a pesar de todas las derrotas, a pesar de los nefastos resultados, llevamos en nuestro ADN el levantarnos contra la dominación silenciosa de la sustancialmente mediocre aristocracia.

Por eso hemos de dejar atrás el pasado, hemos de dejar atrás a los pesimistas interesados dispuestos a vociferar que no se puede cambiar nada, que todos son iguales. Dejemos de lado a los inmovilistas, que suelen ser los que más satisfechos están con la vida que les ha tocado o los que tienen demasiado miedo a la posibilidad de cambio. Esto no va de izquierdas ni derechas, no va de pobres o ricos, va de la gente recuperando su estatus de ciudadanía. La Ilustración francesa nos dijo que nunca más habría de haber reyes y súbditos, y que como ciudadanos todos éramos iguales. Hoy vemos que no se ha cumplido, y que siguen prevaleciendo los intereses de la minoría sobre la mayoría. Por eso debemos erguirnos y recuperar esa ciudadanía, para que, ejerciéndola en igualdad, construyamos juntos nuestro futuro como nación soberana.

Dicen que la utopía es como el horizonte, que por mucho que te acerques nunca llegas. Entonces ¿para qué sirve? Pues sirve para caminar. Nuestra utopía no está tan lejos, nuestra utopía es simplemente que los políticos estén al servicio de la gente, que nuestros jóvenes no tengan que emigrar para trabajar, que nuestros políticos no se entreguen al latrocinio impunemente, que no malgasten nuestros impuestos ni que se los entreguen a los bancos sin que tengan que devolverlo. Nuestra utopía es puro sentido común, es un horizonte muy cercano. Solo tenemos que deshacernos del derrotismo y empezar a dar los primeros pasos hacia una verdadera democracia.

Porque democracia es que la dirección la marque la voluntad de la gente, no los intereses del IBEX. Y por ello tenemos que poner el límite que hasta ahora no hemos fijado. La gente decente de España somos mayoría. Somos mayoría los que queremos que todo el mundo tenga tanto derecho al trabajo como la responsabilidad de hacerlo bien, somos mayoría los que queremos que no haya conciudadanos en la pobreza, somos mayoría los que queremos que a todos nos trate igual la ley, los que queremos representantes públicos movidos por su gente y no por su interés. Somos mayoría los que no queremos que nadie deje de estudiar ni de tratarse médicamente porque no pueda pagárselo, y somos mayoría los que queremos que España sea un país con y para su gente.

Y porque somos mayoría no hemos de tener miedo a los bancos, ni a los mercados, ni a la aristocracia política, porque en el momento en que nos levantemos y reneguemos de seguir trabajando para ellos habremos ganado y habremos recuperado lo que siempre debió ser nuestro, nuestra soberanía.

Nuestra sociedad ya ha empezado a cambiar. Ahora hay representantes públicos que no van engalanados en trajes de miles de euros, hay representantes transparentes con sus ingresos y que cobran tres sueldos mínimos porque consideran que están haciendo un servicio público, no enriqueciéndose. Ahora hay un partido que ha rechazado el dinero de los bancos para no deberse a ellos, sino a la gente. Hay un partido en el que los mítines y los actos se hacen con voluntarios, no a golpe de talonario. PODEMOS no pide el carnet a nadie, es una herramienta, una herramienta de cambio al alcance de todos nosotros. Hayas votado anteriormente lo que hayas votado, seas de la clase que seas, Podemos va más allá de unas siglas, es la herramienta que nos permitirá hacer que nuestro país sea un lugar un poco más decente. Es el momento para que las personas comunes que queremos lo mejor para nuestros conciudadanos demos un paso al frente, con ilusión y fuerza.

No dejéis que nadie os diga como es el mundo, no dejéis que nadie os diga cómo tiene que ser. La historia, en algunos momentos, la marcan las pequeñas acciones de la gente normal, que fluyen para dejar su huella en el futuro. Y nuestro momento es ahora, es el 20D, tenemos en nuestra mano nuestro propio porvenir, y eso tiene un valor incalculable. Sonriámosle y empecemos a caminar hacia  el horizonte, hagamos nuestro el futuro.

Sonreíd, porque PODEMOS.

Jorge

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